La reciente presentación de la Hoja de Ruta 30x30 por parte de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) volvió a colocar una pregunta en el centro de la conversación nacional: ¿cómo conservar la biodiversidad de México?
El compromiso es ambicioso. Para 2030, México busca contribuir a la meta internacional de conservar al menos el 30% de su territorio terrestre y marino, fortaleciendo ecosistemas estratégicos y reconociendo el papel que desempeñan las comunidades en su cuidado.
Sin embargo, hablar de conservación suele llevarnos inmediatamente a imaginar parques nacionales o áreas naturales protegidas. Aunque estos espacios son fundamentales, representan sólo una parte de la respuesta.
También existen territorios donde las comunidades han demostrado que es posible conservar mientras se vive del bosque, generando beneficios para la naturaleza y para las personas.
Un corredor que mantiene viva a la Gran Selva Maya
En el sureste de México, los ejidos X-Hazil y Anexos y Felipe Carrillo Puerto manejan de manera responsable 74,426 hectáreas de bosque certificado FSC®, ubicadas dentro del corredor biológico Sian Ka'an–Calakmul.
Más que una extensión de selva, este corredor representa una conexión indispensable entre algunos de los ecosistemas mejor conservados de Mesoamérica.
Su importancia radica en permitir que especies como el jaguar (Panthera onca), además de numerosas aves, mamíferos y otros organismos, puedan desplazarse, encontrar alimento, reproducirse y mantener poblaciones genéticamente saludables.
Cuando un paisaje pierde conectividad, los fragmentos de bosque quedan aislados. Con el tiempo, incluso los ecosistemas aparentemente bien conservados pueden perder biodiversidad.
Por eso, conservar también significa mantener el bosque conectado.
El bosque como fuente de bienestar
Las comunidades mayas que habitan este territorio llevan décadas demostrando que el manejo forestal responsable puede generar oportunidades económicas mientras mantiene en pie uno de los paisajes forestales más importantes del país.
Su trabajo incluye acciones como:
- restauración mediante especies nativas;
- recuperación de humedales;
- monitoreo de fauna con cámaras trampa;
- fortalecimiento de brigadas comunitarias;
- manejo forestal basado en la planificación de largo plazo.
Estas acciones no sólo benefician al jaguar.
También fortalecen servicios ecosistémicos fundamentales como la conservación de la biodiversidad, la regulación hídrica y la resiliencia del paisaje frente al cambio climático.
Las comunidades son parte de la solución
Uno de los mensajes más importantes de la Meta 30x30 es reconocer que la conservación ocurre en los territorios y que las comunidades son actores fundamentales para lograrla.
En la Gran Selva Maya, este principio deja de ser un concepto para convertirse en una realidad cotidiana.
Más de 500 ejidatarios participan en actividades que fortalecen la gobernanza local, el manejo sostenible del bosque y la restauración ecológica, demostrando que la conservación puede construirse a partir del conocimiento tradicional y del compromiso comunitario.
Más allá de una meta internacional
La Meta 30x30 representa una oportunidad para acelerar los esfuerzos de conservación en todo el mundo.
Sin embargo, alcanzar ese objetivo dependerá de reconocer y fortalecer experiencias que ya existen en el territorio.
Las comunidades forestales de la Gran Selva Maya muestran que la conservación no comienza cuando un bosque deja de producir.
Comienza cuando quienes viven en él cuentan con las herramientas, el conocimiento y las condiciones necesarias para mantenerlo sano, conectado y capaz de seguir proporcionando beneficios ambientales, sociales y económicos para las generaciones futuras.
En FSC® creemos que el manejo forestal responsable es una de las formas más efectivas de demostrar que la conservación y el desarrollo pueden avanzar de la mano.
Porque conservar un bosque no significa únicamente proteger árboles.
Significa mantener vivos los paisajes, las comunidades y la biodiversidad que dependen de ellos.
